06 septiembre 2021

Los factores ambientales que influyen de forma más común en el espacio de aprendizaje

En los entornos educativos, los factores ambientales pueden desembo­car en cambios metodológicos en el profesorado, pero también en una actitud positiva y un mayor compromiso hacia el aprendizaje del estu­diantado. En esta segunda entrega, revisamos, desde la investigación científica, los factores y elementos que deben tenerse en cuenta al momento de diseñar un espacio de aprendizaje o cuando se evalúa su calidad ambiental.

El diseño de los espacios de aprendizaje desde la innovación educativa y la investigación parte de una doble constatación. En primer lugar, no existe un único modelo o experiencia que guíe la definición de lo que es un buen espacio de aprendizaje, sino que cada espacio de aprendizaje debe dar respuesta a las necesidades de docentes y alumnado y del contexto educativo en el que se enmarca. En segundo lugar, cada diseño debe enlazar la dimensión pedagógica, la dimensión ambiental y la dimensión digital. Del diálogo entre estas dimensiones surgen varios principios que deberían regir el diseño de cualquier espacio de aprendizaje. En este artículo, nos centraremos en la dimensión ambiental. 

Tanto en una nueva construcción como en el rediseño de espacios de aprendizaje es importante considerar y cuidar al máximo los factores y elementos de influencia ambiental, ya que permitirán aumentar el confort y adecuar el espacio de aprendizaje apropiadamente. Las persianas, la luz natural, cortinas, ventilación con las ventanas y las puertas, no interrumpir las entradas de luz natural si no es necesario, no bloquear la conexión visual con el exterior, música, son algunos de los factores ambientales a los cuales debemos prestar atención y ser conscientes de las posibilidades que su correcto funcionamiento brinda a la experiencia de aprendizaje.

Informes e investigaciones realizadas en las últimas décadas vinculan el bienestar general, las funciones cognitivas y el estado emocional y por extensión, los resultados académicos, con diferentes factores ambientales (Byers et al., 2018; Barret et al., 2015; Marchand et al., 2014; Barret y Zhang, 2009; Fisher, 2005). A continuación, revisamos estos elementos para exponer aquello que debe tenerse en cuenta:

 

ILUMINACIÓN

La iluminación y la regulación de la luz son características que determi­nan la adecuación de un espacio. En el aula, una correcta iluminación y control de la luz permitirá una correcta lectura y escritura, visualizar correctamente la demostración en pantallas, regular la temperatura según la época del año, etc. Disponer de una buena iluminación ar­tificial, que permita cambiar el tipo de luz, la zona y la intensidad de la misma, así como persianas y cortinas adecuadas y de fácil utiliza­ción serán los principales elementos que permitirán equilibrar la luz artificial y la natural para conseguir una iluminación adecuada en cada momento. 

 

ACÚSTICA

Cuando se proponen actividades en las que el alumnado debe ser protagonista y sujeto activo y, por lo tanto, tiene un nivel de interacción mayor colaborando, hablando, moviéndose, modificando la disposición del mobiliario, etc., seguramente generará un nivel de ruido también mayor que cuando se da una clase magistral en la que únicamente habla el profesor. Pero antes que entrar en cuestiones más técnicas, es importante entender que el confort acústico de un aula pasa en primer lugar por crear una cultura de la actividad de aprendizaje adecuada, en la que, especialmente se cuide el tono de voz. A partir de un adecuado comportamiento, el diseño acústico propiamente dicho ayudará también a mejorar el confort. 

Los efectos del ruido en niños/as y maestros/as (Shield y Dockrell, 2008) prueban que la exposición al ruido (excesivo) tiene un efecto perjudicial sobre el desarrollo cognitivo de los/as niños/as de primaria (incluida la reducción de memoria, motivación, capacidad de lectura…) así como efectos negativos en los docentes. Cuidar la acústica del entorno disminuye el cansancio y la irascibilidad de las personas, especialmente aquellas que presentan algún trastorno del comportamiento y a la vez permite mejorar el nivel de comprensión durante la comunicación. 

 

CALIDAD DEL AIRE

La calidad del aire, especialmente evitando la acumulación de dióxido de carbono (CO2) también es importante. El recurso más sencillo para mejorar este parámetro es ventilar los espacios con frecuencia mediante apertura de ventanas y puertas, si no se dispone de un sistema automático. También es importante poner atención a los materiales y productos con los que se construye y decora el espacio y los productos con los que se limpia, para evitar la presencia de compuestos orgánicos volátiles (Wall, 2016). Algunos edificios, por los materiales y las formas de construcción acaban resultando perjudiciales para la salud debido sobre todo a la presencia de compuestos orgánicos volátiles (síndrome del edificio enfermo) (Fard et al., 2018; WHO, 1983). Por esta razón es importante también considerar una construcción sostenible y con materiales que respeten la salud de las personas. La opción de incluir vegetación, que es una ayuda para mejorar la calidad del aire y absorber sustancias tóxicas, así como mejorar la armonía estética, es una muy buena opción a ser utilizada en las escuelas.

 

TEMPERATURA Y HUMEDAD

Igual que los factores anteriores, la afectación de la temperatura en los procesos cognitivos relacionados con el aprendizaje es otro de los factores también estudiados en diversos trabajos. Una temperatura inadecuada en los espacios de aprendizaje afecta al bienestar y el rendimiento académico del alumnado (Zeiler y Boxen, 2009). El espacio deberá tener un buen aislamiento, pero también será importante que tenga un sistema de calefacción y refrigeración adecuados según el emplazamiento geográfico del centro y la época del año. Poder controlar específicamente la temperatura en cada estancia, ya sea mediante termostatos o sistemas de bloqueo del sol que incide directamente en épocas de temperatura más alta, también posibilita mejorar el bienestar. Según el emplazamiento, la orientación del edificio, el índice de ocupación y la actividad que se realice en cada espacio, la temperatura puede variar notablemente. Aunque la humedad no es un parámetro demasiado importante en algunas zonas geográficas, también puede resultar un factor de incomodidad.

 

ESTIMULACIÓN Y COLOR

La sobreestimulación visual puede resultar negativa para mantener el confort en un espacio. Habitualmente, las aulas se sobrecargan de trabajos, posters y todo tipo de papeles colgados en las paredes, sin mantener ningún criterio estético o armonía ambiental e incluso provocando distracción visual, sin saber realmente las consecuencias psicológicas o en el aprendizaje que esto tiene. También suelen asociarse colores vivos y estridentes a los espacios infantiles, cuando este hecho no deja de ser una construcción cultural de los adultos. En general, las paredes claras y despejadas permiten mantener una sensación de serenidad y orden y mejorar la focalización en la tarea de aprendizaje que se está realizando. Por esta razón, no se recomiendan los colores estridentes o vivos porque provocan una sobreestimulación visual y pueden ir en detrimento de la eficiencia en el aprendizaje (Fisher et al., 2014; Jalil et al., 2012). Son recomendables los colores claros y cálidos, que evoquen tranquilidad y un cierto equilibrio en la estimulación visual que provoca el espacio junto con todos los elementos que lo componen, sin llegar a ser un espacio impersonal o aburrido (Barret et al., 2015).

 

FLUIDEZ Y DINÁMICA 

La fluidez de movimiento y la dinámica de uso que permite un espacio serán el resultado, tanto de la perspectiva pedagógica con la que se diseñan, como con el imaginario de uso de los espacios que se proyecte cuando se piense en su estructuración y en qué elementos lo tienen que conformar. Así, será importante pensar en que la organización del espacio debe permitir la fácil circulación y la conexión entre las diferentes zonas del aula y/o las diferentes estancias del centro. La direccionalidad de los subespacios y el mobiliario, así como su adyacencia y holgura afectará al desarrollo de las sesiones y las actividades (Ching y Binggeli, 2019). Un espacio que permite la interacción fácil, el movimiento fluido y dispone de las adyacencias correctas facilitará en mayor medida las actividades colaborativas con diferentes configuraciones de grupos, la interacción entre iguales, la posibilidad de diferentes agrupaciones, de aprendizaje competencial y globalizado, momentos de intimidad o de trabajo autónomo y la conexión visual, entre otros (Hudson y White, 2020; Wall, 2016; Barret et al., 2015).

 

CONEXIÓN VISUAL

Los espacios de los centros educativos -especialmente las aulas- suelen ser estancias estancas, con muy poca conexión con el exterior y el resto del centro. Pocos son los centros con aulas que tienen visión directa con el pasillo o el distribuidor adyacente (Wall, 2016). A veces, incluso, aquellas escuelas que tienen una visión exterior agradable con la naturaleza o la vecindad permanecen con las persianas bajadas por una falta de cultura de bienestar durante el tiempo escolar. Sin duda, las dos formas esenciales de crear estas conexiones entre espacios y con el exterior será optar por espacios más diáfanos en la arquitectura escolar, conectar diferentes espacios mediante puertas o conexiones y convertir las separaciones entre espacios en paredes transparentes de cristal o ventanales. Algunos autores, como Tanner (2009) vinculan en su investigación la apertura y conexión visual de los espacios con el exterior y con vistas agradables con unos mejores resultados en el aprendizaje.

 

 

FORMAS

Las formas redondeadas suelen generar un espacio más dinámico, vivo y orgánico y contrastan o equilibran las formas que suele tener la estructura arquitectónica de los espacios (paredes, ventanas, puertas, etc.). Mejoran también la interacción entre las personas, suelen ser más amables para la visión y también permiten una mayor adecuación ergonómica y mayor seguridad en el uso cotidiano. En el diseño, las formas redondeadas suelen usarse para transmitir interacción social y creatividad, mientras que la formas más reticulares evocan más solidez y orden (Grimley y Love, 2019).

 

CANTIDAD Y TIPOLOGÍA DE RECURSOS

En los últimos años se ha avanzado en el diseño y ergonomía de los muebles escolares para que sean más móviles y puedan agruparse de diferentes formas. Paralelamente, las organizaciones de los espacios también se van modificando, configurándose en zonas, agrupaciones de mesas y sillas diferentes que puedan responder a la naturaleza de cada actividad. Se van incluyendo ruedas para dar más movilidad, no solo a sillas y mesas, si no también a los muebles de almacenaje que ofrecen una mayor modularidad y múltiples usos.

Los espacios incluyen también otros elementos, como gradas, pantallas interactivas móviles, bancos, pufs, alfombras para reuniones en el suelo, escritorios portátiles, etc. (Hudson y White, 2020). Todo ello requiere una reflexión profunda respecto a dos cuestiones: en primer lugar, cómo debe evolucionar el diseño de los diferentes elementos utilizados en el diseño de los espacios y, en segundo lugar, cuál es el tipo y cantidad de muebles y recursos que se necesitan para desarrollar el proceso de aprendizaje con actividades diversas basadas en un enfoque científico.

 

FLEXIBILIDAD DEL ESPACIO

Un diseño de espacio flexible es aquel que responderá a cualquier necesidad de aprendizaje, además de que permitirá crear un ambiente cambiante y menos monótono. La flexibilidad dependerá de la agilidad con la que docentes y alumnos puedan reconfigurar el espacio según lo vayan requiriendo. Uno de los aspectos que permiten aumentar la flexibilidad de un espacio de aprendizaje es que posea un mobiliario multifuncional, móvil y regulable y que pueda ser modificado de forma ágil durante las actividades de aprendizaje (Hudson y White, 2020; Wall, 2016).

 

TECNOLOGÍA

Sin duda, en las últimas décadas la integración de la tecnología ha tenido un papel muy importante en los movimientos de renovación metodológica en la educación formal. Merece especial atención cómo integramos la tecnología en el espacio y como el espacio debe configurarse para responder a esta integración para que permita compartir, sea móvil, se utilice solo en el momento que se requiera, etc. A su vez, la presencia de esta tecnología requerirá poner especial atención a las instalaciones del espacio (puntos eléctricos, correcta conexión, espacios de almacenaje, etc.). 

 

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Referencias bibliográficas

Barrett, P.; Zhang, Y.; Davies, D. F., y Barrett, D. L. (2015). Clever Classrooms: Summary report of the HEAD project. Recuperado de http://www.salford.ac.uk/cleverclassrooms/1503-Salford-Uni-Report-DIGITAL.pdf

Brittin, J.; Sorensen, D.; Trowbridge, M.; Lee, K. K.; Breithecker, D.; Frerichs, L., y Huang, T. (2015). Physical Activity Design Guidelines for School Architecture. PLoS ONE, 10(7), 1-30.

Byers, T.; HartnellYoung, E., e Imms, W. (2018). “Empirical evaluation of different classroom spaces on students’ perceptions of the use and effectiveness of 1to1 technology”. British Journal of Educational Technology, 49(1), 153-164.

Ching, F. D. K., y Binggeli, C. (2019). Diseño de interiores. Un manual. Barcelona: Editorial Gustavo Gili.

Fard, R. F.; Hosseini, M. R.; Faraji, M., y Oskouei, A. O. (2018). “Building characteristics and sick building syndrome among primary school students”. Sri Lanka Journal of Child Health, 47(4), 332.

Fisher, K. (2005). Linking pedagogy and space. Recuperado de https://www.education.vic.gov.au/Documents/school/teachers/teachingresurces/interdisciplinary/ict/pedagspace.pdf     

Fisher, A. V.; Godwin, K. E., y Seltman, H. (2014). “Visual Environment, Attention Allocation, and Learning in Young Children: When Too Much of a Good Thing May Be Bad”. Psychological Science, 25(7), 1362-1370.

Grimley, C., y Love, M. (2018). Color, espacio y estilo. Detalles para diseñadores de interiores. Barcelona: Editorial Gustavo Gili.

Hudson, M., y White, T. (2020). Planning Learning Spaces. A practical guide for architects, designers and school leaders. London: Laurence King Publishing Ltd.

Jalil, N. A.; Yunus, R. M., y Said, N. S. (2012). “Environmental Colour Impact upon Human Behaviour: A Review”. Procedia-Social and Behavioral Sciences, 35, 54-62.

Marchand, G. C.; Nardi, N. M.; Reynolds, D., y Pamoukov, S. (2014). “The impact of the classroom built environment on student perceptions and learning”. Journal of Environmental Psychology, 40, 187-197.

Shield, B., y Dockrell, J. E. (2008). “The effect of classroom and environmental noise on children’s academic performance”. Journal of Aucoustical Society of America, 123, 133-144. Recuperado de http://www.icben.org/2008/PDFs/Shield_Dockrell.pdf

Tanner, C. K. (2009). “Effects of school design on student outcomes”. Journal of Educational Administration, 47(3), 381-399.

Wall, G. (2016). Flexible Learning Spaces: The impact of physical design on student outcomes. Ministry of Education of New Zeeland. Recuperado de www.educationcounts.edcentre.govt.nz

WORLD HEALTH ORGANIZATION (WHO) (1983). “Indoor air pollutants:exposure and health effects”. EuroReports and Studies, 78. Copenhagen: WHO Regional Office for Europe.

Zeiler, W., y Boxem, G. (2009). “Effects of thermal activated building systems in schools on thermal comfort in winter”. Building and Environment, 44(11), 2308-2317.